20 de noviembre de 2009

La cara sin circunstancias


Robert Bergman, Untitled, 1993 y 1989.

(*) Estos tipos no tienen pinta de haber conseguido averiguar qué podía hacer su gran país por ellos, ni siquiera de habérselo planteado. Tampoco son del todo responsables de su cara, por lo que no han podido hacer por su país más que ponerlo a un lado, en evidencia ajena, tanto como a ellos mismos.

Las miradas de la mujer y el hombre son tan descarnadas y anónimas como la del fotógrafo. Éste demuestra su intención de llegar directamente a los personajes (hay personaje desde el momento en que hay foto expuesta públicamente) al no identificar a los sujetos, al no nombrarlos con un título ni dar pista alguna sobre su paradero o el lugar donde fueron tomadas. Incluso la única marca de las fotos, el año, no es más que un recurso personal para ordenarlas, sin alterar por tanto la otra noticia que dan estos rostros: su constancia en el tiempo. Despojados de nombre, tiempo, lugar y posición social, quedan fuera de la Historia y por tanto libres para mostrar lo que son y hasta donde han llegado. (El por qué sólo lo saben ellos y la interpretación de quien los mira). Sin pie de foto, dan más pie a hablar de ellos. Así, dejan particularmente libre al espectador, solo con sus propias referencias y dando lugar a la opinión. Sin información ni historia no hay categorías: tanto los tipos como sus mirones son accidentales. Sin huellas sociales, aparece el rostro personal. No dan testimonio de nada que no sea ellos mismos, por lo que el espectador no tiene por qué ser testigo de cargo, sólo mirón. No reconociéndolos, nos reconocemos en ellos como lo que son y somos: gente ordinaria, por encima de individuos, que también.

El hecho de que el retrato se limite al rostro (o a medio cuerpo, en otros casos), ocultando deliberadamente cualquier otro elemento personal o de su entorno, convierte las privaciones que muestra cada expresión en algo personal, liberándolos de cualquier interpretación al uso de la miseria. La intencionada saturación de color de las fotos es un recurso más introspectivo que expresionista, un espejo más que un escaparate. Al centrarse en el rostro y su expresividad el sujeto es central, no marginal. El énfasis del fotógrafo en la pérdida, la tristeza o el daño que reflejan esas caras es un modo de devolverles la personalidad que las circunstancias -neutras e irrelevantes para el espectador- les quitaron.

La serie Los Americanos de Robert Frank marcó desde el principio la trayectoria artística de Bergman, el cual siguió como un mandamiento la norma de Frank de que el artista debía tener una visión personal basada en el sentimiento y la intuición. Sin embargo, este énfasis en lo privado no evita un trabajo documental implícito sobre el país que ayudó a producir esas caras. La elección de personajes marginales como protagonistas y la utilización expresiva del color prueban ese resultado documental, aunque no sea la intención del fotógrafo.

(*) Publicado en Nickjournal 26 de octubre 2009

2 Comentarios:

Anonymous Anónimo escribió...

leo desolado el acoso ala bloguera yoanis...........
momoxorro

11:40 a. m.  
Anonymous Anónimo escribió...

http://www.flickr.com/photos/theklan/2263320763/

11:45 a. m.  

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