2 de abril de 2006

El gobernante colega, jurisconsulto de ocasión.

(Richard Hamilton, ilustración para 'Ulysses', de Joyce)


”Un folleto editado por la Generalitat [de Cataluña] explica cómo consumir drogas y eludir la ley”. La noticia, publicada en El Mundo en su edición de ayer, descarta el sensacionalismo cuando se acude al prospecto de marras para confirmar el hecho: “¿Por comprar, tomar o llevar droga para uno mismo[,] no pasa nada? Bien, si no te ven, no [responde el juez y parte]. Sé discreto, no des la nota.” Se anticipa la solución: “Lleva cantidades pequeñas, cuánta más droga lleves encima más difícil te será demostrar que es para tu propio consumo” [aunque que sea con ésta nuestra ayuda].

Ofrece al joven lector del folleto, antes colega, ahora gobernado, las alternativas para eludir la sanción: “pagar la multa” [no te apures nano, viene enseguida la real alternativa], que oscila entre 300 y 30.000 euros, “entrar en un centro de tratamiento de drogodependencias [por drogadicto, que al fin y al cabo eres de los nuestros, no por delincuente, que serías del rival reducido], declararte insolvente [¡rebélate contra el poder, al menos contra el de la consejería de Hacienda hermana], o emitir un recurso ante el Gobierno Civil [otro rival, éste inabordable].”

Hay también un apartado agrícola, de agrimensor kafkiano, que prolonga la invasión de competencias de consejerías amigas y se expone contundente como un mandamiento: ”No cultivar más de lo que tú mismo consumirás” Atento a la propiedad, precisa si en terreno del prójimo o propio: “...es bastante más arriesgado cultivar droga en un lugar público (cultivo en exteriores [lo clasifica, en plan decorador]), que en uno privado (por ejemplo, una casa)” [sea la tuya u okupada]

En su afán de exhaustividad el jurisconsulto de ocasión ofrece un peritaje rápido de los extras del consumidor y da cuenta de las pruebas judiciales que se pueden practicar para enchironar al joven votante: cantidades llevadas, escondites e instrumentos de medida del costo, a fin de evitar costes y costas al patrocinado y no se sabe si, a estas alturas, pasmado joven. El folleto termina regulando el futuro en forma de presente continuo: “Las disposiciones legales sufren cambios y actualizaciones. Esta ‘info’ no es inamovible, ¡estate al tanto!” [¡pásalo!]

La ya permanente equidistancia entre el delito y su contrario convierte al nuevo gobernante en un acaparador del poder de ambos territorios. Se erige en árbitro ofreciendo complicidad de colega a su equivalente, al que considera su votante natural, intentando de paso ocultar su recien adquirida e inevitable condición represora como guardia de la salud y del orden público. Hay un síndrome de abstinencia de la discoteca en el nuevo jurisperito que no quiere enajenarse a sus antiguos colegas, sin empujarles tampoco al delito, que ahora tiene una responsabilidad institucional no que rendir, sino que vencer. Es la preferencia no por la antigua vida paralela, pobretona y anónima, sino por la nueva doble vida que le permite arrasar hasta la disminuida capacidad de rebelión del joven votante.

1 Comentarios:

Anonymous Anónimo escribió...

Hola green day es mi grupo favorito pero estoy muy desepcionada de el :aaay !!...
era alguien tan hermoso como el
y pensar de k cuando vino a chile yo lo espere afuera de su camerin yme dio un beso casi tubimos sexo

12:12 a. m.  

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