2 de abril de 2006

El periodismo define el consenso.

(Manu Muniategiandikoetxea)


El nuevo consenso, el que establece la legitimidad de lo aprobado según sus nuevos intérpretes (representantes) políticos: "El Congreso aprueba la reforma del Estatuto de Cataluña con la oposición de ERC y PP" A su vez, la oposición puesta en fila de rigurosa importancia –condición subsidiaria y prescindible del PP- e inversa según su situación en la lista de espera para el reformatorio político. (Titular de El País digital, 30.03.2006, que invirtió ese orden en su edición impresa del día siguiente)

El viejo consenso parlamentario, el votado según las antiguas reglas y representantes de los ciudadanos: "El Pleno del Congreso ha aprobado hoy la reforma del Estatuto de Autonomía de Cataluña por 189 votos a favor, 154 en contra y dos abstenciones." (letra pequeña del mismo prospecto: el resultado ajustado y, con él, los diputados se archivan en el refugio irrisorio de la estadística)
Resultante entre procedimientos viejos y nuevos: ”Gran huella en la historia” (titular intermedio) Grabada a la pata coja pero sin que se note, por la caución que supone el titular principal.
Balance sentimental del día: “Hoy ha sido un gran día” (Manuel Marín)Visión de futuro, el encofrado de la cofrade: “será la mejor argamasa para cohesionar nuestro Estado autonómico" (vice)

Y el periodismo más difundido –los diarios gratuitos, de cafetería- prescinde de la necesidad del consenso para dar cuenta de lo aprobado: “Se aprueba el Estatut con el voto en contra de ERC.” (Diario Qué) El voto y la misma existencia política del PP, con sus obras y pompas, con su representación electoral y social, ya no aparece; es prescindible porque no es noticia. Su previsibilidad lo excluye de la noticia y del futuro. Los tabloides olfatean el futuro y diagnostican con intuición el presente, el interés real del ciudadano por la nueva estructura del Estado que inaugura el Estatuto.