2 de abril de 2006

En brazos de la mujer madura.

(Brassai)


Dice Neus Arqués, autora de ‘Un hombre de pago’: “Me interesa analizar la invisibilidad de las mujeres en cierta época de su vida” (reseñado por ‘Martita’ en el blog de Arcadi Espada, 27 de marzo de 2006; entrevista en La Vanguardia, mismo día)

Cómo salir de la clandestinidad sexual en cuatro líneas y acabar de paso con nuestra imagen correcta:

¿Contribuye a esa invisibilidad el riesgo de acusación por acoso que corre el hombre? El acoso social a uno por interpretar acoso sexual a la otra.
La psicosis de acoso sexual, ¿es un paso en la extinción de la actitud sexual femenina a partir de cierta edad? O sea, ¿una nueva forma de la vieja represión sexual de siempre?

¿Alguien se planteará compensar socialmente, incluso legalmente, esa invisibilidad con medidas de discriminación positiva? Por ejemplo, con un marketing generalizado de la mujer madura en EPS. No es tan descabellado: ya empezó 'Lo más Plus' hace pocos años con Fernando Schwartz.

La condena social de la seducción, como medio sospechoso de imposición y dominio masculino, es causa añadida a la biológica de esa invisibilidad. Y la negación de la iniciativa sexual masculina hacia la mujer como origen biológico de la seducción cultural, hace retraerse al hombre en el cortejo. Así, se aparca la atracción entre sexos empezando por negar su nombre: los sexos sustituidos por el aséptico e igualador género, los sexos distintos sumidos en el mismo, diluidos en uno común, en el triunfo del homo como moderna marginación de la antigualla hetero. La atracción natural entre distintos para complementarse –sin afán totalitario de completarse- es sustituida por la identidad férrea de lo mismo: el individuo reducido a género.

La reivindicación feminista de la realización de la mujer a pesar de y contra el hombre, su reclamo de una sexualidad femenina independiente de él es, a estas edades, la nueva versión de la tradicional represión de la sexualidad femenina en la madurez.

El resultado es la invisibilidad femenina y la perplejidad masculina, la ignorancia mutua entre sexos, camino de soledades políticamente correctas pero amargas y no deseadas por quienes, sin embargo, callan. Callan porque la integración en el grupo es un valor –o un estado de comodidad- preferida al riesgo del rechazo y, aún más, al miedo a la victoria del sexo... y del amor posible. ¡Lo que quieren que nos perdamos! Salgamos del escondite higiénico para no perdérnoslo.

(Brassai)

10 Comentarios:

Blogger Protactínio escribió...

Muy bien traído, Bartlemy.
En efecto: no es que sean invisibles; es que nos han hecho invidentes. A bofetadas jurídicas; a leches normativas. ¡Cualquiera dice algo! ¡Cualquiera LES dice algo!

(Ellas, invisibles y cabreadas; nosotros, invidente y acojonados.)

((¡Viva la igualdad!))

3:04 p. m.  
Blogger Librepensadores escribió...

Ha resumido en 2 líneas, 4 sustantivos y 4 adjetivos -el esquema de juego de su equipo- el desacanso del combate en el que estamos.
Con 4 delanteros/as volverían los tiempos gloriosos.
Bartleby.

7:35 p. m.  
Blogger Amaranta escribió...

Me parece que os desviais un pelín de la verdad (no sé si conscientemente, aunque espero que no). A las mujeres maduras nos encantaría que nos acosaran, o que nos sedujeran... ¡o lo que sea! ¡estamos más que dispuestas a dejarnos acosar! Pero a nosotras ya no nos acosan, sólo a las jóvenes y de buen ver. Supongo que es natural, a mi también me gustan los chicos jóvenes, aunque sea para alegrar la vista. Pero ¡no culpéis al feminismo!

9:34 p. m.  
Anonymous Leonor Alcántara escribió...

Aviso: para leer este comentario tened en cuenta que uso el plural a la manera tradicional, es decir, incluyendo los dos géneros en él, cuando corresponde. Uso el neutro "uno" también para los dos géneros: fem y masc.

Muy bueno lo que decís: un nuevo tabú que produce "invidentes" e "invisibles". Da en el clavo pues esa es precisamente la misión de los tabúes, sólo que este del feminismo nos lo han vendido como pensamiento racional como sociología científica, y hemos caido en la trampa. Nosotras y vosotros. Pero me parece que no sólo es obra suya.

Si lo que nos está pasando fuera consecuencia del miedo a un tabú, habría más arrojados y temerarios, sería divertido saltarse la señal del "pecado" al que apunta el feminismo, no hay nada más estimulante que rozar los límites. Por eso la gente ha sustituido los encuentros por el puenting, el acelerador del coche o la tarjeta en números rojos.
Creo que en España el miedo a enredarse en alegres y desenfadadas incursiones se ha transformado en terror principalmente porque a penas ha pasado una generación y el cambio es tan reciente que todavía andan desacompasados los bailes de cortejo. De hecho, hasta hace nada una mujer de 40 ó 50 solamente estaba sola si era viuda o soltera(=solterona). Una sociedad tan tradicional y familiar como la nuestra no sabía qué hacer con alguien así, sólo las mujeres de posición alta podían llevar una vida con cierta libertad pero plagada de habladurías. O puta o beata. No poseemos un modelo de conducta fiable en la generación anterior y estamos perdidos de alguna manera. Mientras que en otros países de Europa todo esto es muy muy diferente. Tuve un novio inglés que no podía creer lo que veía aquí. Porque allí cuando queda una chica (la edad no cuenta para el uso del apelativo)libre, siempre hay alguien al "acecho", al igual que en la dirección contraria. En Santander un guapo y joven chico de color intentó ligar conmigo y ante mi sorpresa me aclaró que él se había educado en Francia y que por supuesto estaba libre del prejuicio español de tenerle miedo a las mujeres y que como a él le gustaban una barbaridad, no dejaba pasar las ocasiones. Me sentí halagada, claro, pero me escabullí.

Nosotros hoy por hoy no estamos libres del prejuicio porque, además, todavía nos ronda la vergüenza a que alguien nos diga que no y al posible juicio de valor entre nuestros conocidos si se trata de una relación desigual en edad: si ella es mayor que él, sobre todo.

Los anglosajones bailan esto muy bien y se han hecho de esquemas prácticos escalonados en grados para el acercamiento, como las citas y las invitaciones en lugares neutrales que organizan los amigos o la familia, todo ello conlleva un ralentí bajo control muy confortable. Porque no podemos engañarnos, a cierta edad, la experiencia del fracaso en las relacciones nos ralentiza (en España, paraliza); el atractivo físico ya no es explosivo; uno busca ser tratado con cuidado; las oportunidades se distancian tanto que se teme no poder volver a estar en activo. Y qué me dicen si al otro lado ya no tienes a alguien simple y fresquito sino a una persona curtida que sabe lo que vale un peine o como decía mi abuela favorita, a uno que sabe la verdad.
Somos la primera generación que tiene estos problemas y tendremos que aprender cómo salir airosos y contentos.

Me he alargado más de la cuenta, os pido disculpas. Es mi primera intervención en tu blog, por cierto, excelente. Enhorabuena.

Saludos
Leonor

12:28 a. m.  
Blogger Librepensadores escribió...

Leonor, que Eros yVenus te oigan en tu diagnóstico de que todo se debe a una 2ª generación perpleja por el cambio rápido de pautas culturales, pero me temo que en este país-esponja las importaciones de políticas correctas se compran a granel y se consumen a destajo. Que ya no haya vuelta de hoja, vamos.
Pero, en fin, como maduro recien inaugurado, me arriesgo -siguiendo tus consejos- y me ofrezco. :-)
Saludos, Bartleby (y muchas gracias por el elogio)

2:25 a. m.  
Blogger Neus escribió...

Por alusiones, asisto fascinada a esta conversación. Los contertulios coinciden en la definición de la invisibilidad de la mujer madura como problema, la diagnostican y apunten soluciones. Ojalá funcionen: ¡Avísenme! Bartleby, le mando saludos y le agradezco la referencia.

8:51 a. m.  
Blogger Librepensadores escribió...

Muchas gracias a usted, Neus, cuya entrevista en La Vanguardia y su motivo -el libro 'Un hombre de pago'- es el origen del comentario que hice sobre la mujer madura. La verdad es que un tema del mayor interés al que debería dedicarse más tinta... y más vida, aún a riesgo de ser tildado de lo que toque.
La invisibilidad aumenta con el gusto por el divorcio como modo de vida que tienen ciertos sectores de opinión.
Saludos, Bartleby.

8:37 p. m.  
Anonymous Anónimo escribió...

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1:37 a. m.  
Blogger Zheng junxai5 escribió...

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