7 de febrero de 2006

Educación para la ciudadanía

("Libertad creadora")


Propongo abrir un debate a librepensadores (con perdón por la presunción, ¡qué época la de tener que explicarse y disculparse por el sentido de las palabras!) sobre:

¿ES NECESARIA UNA ASIGNATURA DE EDUCACIÓN PARA LA CIUDADANÍA?

La educación para la ciudadanía es el último fetiche de una izquierda ibérica, castiza, que al pronunciar este mantra se imagina un paisaje idílico de adolescentes republicanos de buena familia asistiendo a clases improvisadas en excursión campestre al Guadarrama, pastoreados por algún profesor imbuido del espíritu de Giner de los Ríos.
(Recordatorio: la Institución Libre de Enseñanza y la Junta para Ampliación de Estudios son felices inventos de la Monarquía de Alfonso XIII, no de la República)

¿Cabe una educación para la ciudadanía en tiempos de sustitución de la ciudadanía por la nación, por la tribu?
Así, hoy se concibe no como un intento de ilustrar al individuo en valores que lo hacen más autónomo –como la libertad y la responsabilidad- y capaz de convivir con sus semejantes –respeto, deberes, cooperación, solidaridad- cívicamente –modales-, sino como un propósito de reforzar la tribu en sentimientos y pensamientos similares que garanticen la cohesión de la aldea. Y, unida la aldea con su pequeña dosis de disidentes que le den un barniz de pluralidad inexistente, los nuevos sacerdotes laicos –la clase política y económica- se asegura la tropa que la legitime.

Habría que recuperar primero el sentido moderno de ciudadanía y garantizar su libre ejercicio para hablar luego de enseñanzas que –si no- serían formación del espíritu nacional.
No, en la actual época de disolución del individuo y su libertad fundadora de la sociedad en masa inerte, esta asignatura no sería útil ni –paradójicamente- cívica y sí, en cambio, doctrinaria.

El civismo no es una enseñanza reglada sino una práctica colectiva de valores individualmente sentidos por necesidad, aprendizaje o herencia. Los valores tienen que ser transmitidos y las virtudes han de ser enseñadas... a través de su práctica, es decir, como modo de relación social y entre individuos. Valores y virtudes no son conocimientos o "contenidos" que puedan ser objeto de una asignatura específica, sino comportamientos individuales que se socializan tanto mediante su transmisión en la enseñanza de las disciplinas clásicas o sectoriales como por el ejemplo de su práctica generalizada. Valores y virtudes son transversales (hoy se dice) a todas las disciplinas del conocimiento y a los comportamientos colectivos que fundan las relaciones sociales.

Un ejemplo: la responsabilidad, el deber y la solidaridad serán valores colectivos no por su enseñanza en una asignatura específica sino por su práctica cotidiana y "automática" en los ámbitos familiar, laboral, profesional, cultural, de relación social.

¿Qué ha pasado con estos valores junto con otros hoy clandestinos como la autoridad, la disciplina o el orden? Su marginación -que no desaparición- obedece a nuevas pautas de relación social, no a la falta de una asignatura. Toda enseñanza singular de valores y virtudes chocará con esas pautas vigentes y, por tanto, resultará inútil.
¿Alguien cree honestamente que se puede enseñar sentido colectivo de la responsabilidad de 10 a 11h. cuando el resto del tiempo y comportamiento del alumno y futuro adulto está informado y formado por el valor contrario? ¿Podrá enseñar valores cívicos el profesor que periódicamente se da de baja laboral sin control social alguno?

Valores y virtudes son el vehículo, el vínculo que conforma una sociedad, no el contenido ni sólo un imperativo moral que se practique aleatoriamente por cada individuo según su conciencia. Por no hablar de la tentación de adoctrinamiento ideológico de los adolescentes que esta asignatura brindaría a tantos aprendices de comisario político.