8 de mayo de 2006

Política de rebajas éticas

(Karel Appel, 'Duchamp smokes crack')


Cebarse en analizar la sinceridad e intención de las declaraciones de Otegui es errar el blanco. Una banda terrorista dedicada al asesinato en serie en un Estado democrático mata para conseguir determinados fines políticos y dosifica sus fechorías en función de la rentabilidad esperada para cada momento político. Entre la estrategia para llegar a esos fines figura la fabricación del sentimiento por el dolor ajeno, la gestión del pésame a las víctimas y el tiempo del arrepentimiento por el daño causado. Esas tres fases unidas a la negación retrospectiva de que los asesinatos eran medios –“hemos dado a entender que el fin lo justificaba todo”- forman la cadena inmoral de la infamia. Esa negación es la misma negación del asesinato, al reducirlos a frialdad sentimental hacia el vecino y errores de cálculo. Ahora Otegi da el primer paso -hemos dado a entender que el sufrimiento de los otros nos era igual”- para lograr la amortización de las víctimas (exiliados interiores) como posible obstáculo al proceso de paz. Los siguientes peldaños serán el pésame, la concesión de la medalla del dolor y las debidas compensaciones económicas a cargo del contribuyente. Hasta aquí, todo coherencia y ninguna novedad.

El problema –la indignación que sucede al estupor inicial- surge con las reacciones del gobierno democrático –esta redundancia revela ya la situación- y sus voceros al legitimar la jugada, "todo puntúa" (Patxi López), anticipar incluso las próximas cartas marcadas, "se deduce un arrepentimiento" (José Blanco) y bendecir la estrategia, “
el presidente del Gobierno ha valorado las palabras del líder abertzale”. Un guión ya escrito en el que a víctimas y oponentes sólo les queda mirar o consumir sin molestar en la temporada política de rebajas éticas. ¿Qué clase de concepción política se ha impuesto como patrón de gobierno que equipara el derecho con la oportunidad, permitiendo los réditos del terrorismo? El relativismo político, derivado de un vacío moral de amplio espectro, no tiene límites, por definición, por lo que caben todos los actores, procedimientos y fines que compartan esas pautas. El relativismo del gobierno y de la banda coinciden, por tanto, en el trueque entre medios y fines a voluntad mutua.

El famoso proceso comienza con el alto al derecho decretado por el gobierno, no con el alto al fuego de ETA. Hay que recordar que el
comunicado del gobierno francés del 22 de marzo -"Francia no comenta el comunicado de ETA ni se entromete en un asunto que concierne directamente a la soberanía española”- da en el clavo al negar que la política basada en la soberanía del ciudadano pueda verse afectada por la retirada de una banda terrorista. Sigamos con atención las inexistentes negociaciones secretas entre el gobierno francés y ETA.

(Karel Appel, 'The green kiss')

2 Comentarios:

Anonymous Anónimo escribió...

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11:01 p. m.  
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