10 de marzo de 2007

China simétrica

(Marc Ribaud, Beijing (through window), 1965)

La serie fotográfica en blanco y negro sobre China de Marc Riboud son “mis notas de viaje. Pretenden ser observaciones más que análisis o juicios. La vista reacciona por los sentidos y no por las ideas (...). Es muy difícil retratar una China que se mueve tan rápido. La imagen corre el riesgo de quedar borrosa o resultar incluso contradictoria. (...) Del comunismo se habla más en París que en Shangai.” Se plantea si en China todo se mueve pero nada cambia, la perennidad que agita las transformaciones.

En Riboud predomina la composición geométrica y la vocación por la simetría sobre el efecto estético. Su formación de ingeniero le hace preferir la estructura y el orden de los objetos a la narración especulativa. De ese modo consigue fijar la velocidad de cambio en una sociedad como la china. Sus instantáneas son secuencias que, al cabo del tiempo, no producen sensación de caducidad. La utilización deliberada del blanco y negro es un riesgo de impresión que asume, consiguiendo ese efecto de fotografiar una evolución rápida de costumbres.

Sin embargo, lo que logra transmitir Riboud es la tradición como forjado de la nueva China e hilo conductor de sus cambios económicos y sociales, por vertiginosos que sean. Confucio y Lao Tse, dos orígenes divergentes en la formación de la filosofía china, confluirán a lo largo de los siglos en el sincretismo religioso y en la síntesis cultural que ha cohesionado esa sociedad. Para Confucio, el hombre es un ser social y, por tanto, sometido a obligaciones respecto al poder que gobierna la comunidad: debe respetar a la tradición, los antepasados y oponerse a los cambios en el orden imperante. Frente a esta vía estricta de adaptación al status, el taoísmo –el camino- predica el alejamiento del mundo, más la inhibición que la mística. Filosofía del poder y las estructuras sociales frente a filosofía de la indiferencia. Adhesión contra indefinición, dos formas que anulan la rebelión. Simetría de pensamientos. Estrategias de supervivencia distintas pero complementarias en la formación de un orden social que necesita justificaciones positiva y negativa de la disciplina para progresar sin destruirse.

(Marc Ribaud, China (Great Wall), 1971)
Lo inmutable y lo pragmático subyacen en la reciente revolución económica china. El modo de acercarse de W. Somerset Maugham a una cultura tan ajena es la media distancia adecuada: utiliza el método descriptivo y no el analítico; ni siquiera la narración. Así describe una fiesta de recepción al cuerpo diplomático en el palacio imperial de Pekín, en los años 30: “Por la noche acudí a una fiesta en palacio. El emperador y el résident supérieur se sentaron en grandes sillones dorados en el marco de la puerta de la sala del trono, y los invitados se congregaron a su alrededor. El patio estaba iluminado con incontables lamparillas de aceite, y una orquesta de nativos interpretaba aires alegres. Tres figuras fantásticas, como en un drama chino, con vestimentas espléndidas, salieron al escenario, donde ejecutaron una figura de danza grotesca. (...) El emperador llevaba una túnica de seda amarilla con ricos bordados y en la cabeza un turbante amarillo. (...) Lo último que recuerdo de la fiesta tiene que ver con su persona: inclinado sobre una mesa con una postura indolente, fumando un cigarrillo y charlando con un joven francés. De vez en cuando, sus ojos indiferentes se posaban unos instantes en los conquistadores, que bailaban torpemente.” (El caballero del salón)

(Marc Ribaud, Guangxi, 1965)
Maugham utiliza sus propias armas en la observación de China, la velada superposición de la diplomacia a realidades inaprensibles y la escéptica disección del espía, descartando cualquier tentación de mímesis con lo exótico. Observa el curso de los acontecimientos con los que no se siente íntimamente relacionado: "Mi cumpleaños pasó sin ceremonias. Trabajé como de costumbre por la mañana y por la tarde fui a dar un paseo por los bosques que hay detrás de mi casa. Jamás he podido averiguar qué es lo que da a esos bosques su misterioso atractivo. Son bosques como no he visto nunca. Su silencio parece más profundo que cualquier otro silencio. (...) En estos bosques abandonados e incultos hay una curiosa extrañeza, y aunque vaya uno solo, no se siente solo porque se tiene la extraña sensación de que seres invisibles, ni humanos ni inhumanos, flotan alrededor de nosotros. Algunas veces, por detrás de un árbol, parece asomarse una sombra que nos contempla pasar. Hay una atmósfera de suspensión, como si todo lo que hay alrededor nuestro estuviese esperando que algo ocurriese.
Regresé a casa, me hice una taza de té y leí hasta la hora de la cena. Después de la cena volví a leer, hice un par de solitarios, escuché las noticias en la radio, cogí una novela policíaca y me fui a la cama. La terminé y me dormí. Salvo algunas palabras a mis sirvientas de color no había hablado con un alma en todo el día.
Así pasé mi septuagésimo cumpleaños y así hubiera deseado pasarlo. Reflexioné.” (Carnets de un escritor)

El milenario cumpleaños chino de W. Somerset Maugham.

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11 Comentarios:

Blogger jarttita escribió...

Precioso...

7:06 p. m.  
Anonymous El xiquet de Columbretes escribió...

No nos podemos olvidar de la entrada del budismo en este grandioso país. Muchos de los conflictos filosóficos que se barajaban en la antigua China, fueron trasformados y reconciliados con la llegada de las enseñanzas budistas. Por ejemplo, se hizo hincapié en la bondad inseparable a la naturaleza humana, afirmando que el propósito de la civilización, en general, y la educación, en particular, era manifestar la bondad humana implícita.

7:41 p. m.  
Anonymous Sr. Verle escribió...

Bart: Ya veo, ya, la simetría qué pie calzaba. La mía era más especular.

10:17 a. m.  
Anonymous ¿Qué hacemos? escribió...

Me gustan tus artículos, los temas que tratas, como lo haces. Me gusta tu blog porque refleja tu proverbial inteligencia… Y ahora, ¿qué hacemos?

2:18 p. m.  
Anonymous el quicio escribió...

La China actual es la antítesis del remake de 'El velo pintado'.

Aunque, curiosamente, en la película, no se ve de China más que la naturaleza... no humana.

Ahora ha explotado de fascismo moderno (como la nueva Rusia y los nuevos caminos de Libia y, quizás, Cuba...).

Pero a nadie le importa.

Confucio al servicio de la economía de mercado: la dictadura sobre el proletariado.

A la espera estoy de sus espectaculares Juegos Olímpicos, convenientemente abrillantados por sumisos millones de esclavos complacidos...

3:26 p. m.  
Blogger Javier Luján escribió...

Me gusta la serenidad de Somerset Maugham. Magnífico post.
Un saludo.

3:43 p. m.  
Anonymous Sr. Verle escribió...

16/03/07, sin noticias de Bart.

7:22 p. m.  
Blogger Purificación Ávila. escribió...

Este comentario ha sido eliminado por el autor.

4:18 p. m.  
Blogger Purificación Ávila. escribió...

Hola, Bart: efectivamente la China actual es la antítesis de "El velo pintado". Y aunque no he visto la película presiento que la versión de Norton, actor-coguionista-productor de este remake, lo que busca en la película es precisamente ampliar el claustrofóbico argumento de la novela más allá de esos escenarios naturales y plantearla a un nivel más emocional.

Quizá consideramos por ello que Somerset es pura serenidad, en cuanto a su lectura se refiere, supongo. Nada que objetar, estoy de acuerdo pues nos circunscribios al ámbito literario. Aunque tu texto va mucho más allá y queda patente.

Este artículo tuyo está desde hoy posteado en mi blog como la 'Segunda Parte sobre China y Somerset Maugham'. Pensé que ampliaría y complementaría el mío, centrado en el estreno de "El velo pintado".

Tus reflexiones sobre una Nación que ya desde mi juventud era llamada "El peligro amarillo", la forma de estructurarlo desde varios aspectos -no como un análisis sino más bien como las reflexiones de tus muchas lecturas y conocimientos- y los difentes enfoques que nos brindan, hicieron que me encandilara con tu escrito.

Tanto en política como en economía -especialmente en este último aspecto- empezamos a ser conscientes que es el mayor ejército del Mundo desde hace mucho tiempo y que ese 'peligro amarillo' -calificativo quizá desafortunado- empieza a darnos algunas lecciones.

Estupendo artículo este sobre'China simétrica',Bart. Espero que sepan apreciarlo mis lectores.El tema desde luego es apasionante y da para mucho escribir. Lástima que no se pueda, ¿no crees?

Gracias por tu colaboración y felicitaciones de nuevo.

Un abrazo, Bartleby.
Puri

4:20 p. m.  
Blogger blancoelefante escribió...

Querría añadir a tu estupendo artículo un fragmento, también de Somerset Maugham, de su obra En un Biombo Chino:

(…) Ahora bien, no fue un paisaje chino el que saludó mi vista con sus extensos arrozales, sus arcos memoriales y sus fantásticos templos, con sus casitas de campo en medio de un cañaveral de altos bambúes y sus posadas a la vera del camino, donde descansan a la sombra de las higueras los pobres culis del peso de la carga. Fue más bien el valle del Rin, la ancha y dorada llanura a la luz del crepúsculo, el valle del Rin con su río, una cinta plateada, que lo atravesaba por el medio, y las torres lejanas de la ciudad de Works; fue la inmensa llanura sobre la que descansaba mi vista cuando, siendo yo estudiante en Heidelberg, tras caminar por los montes poblados de abetos, sobre la ciudad vieja, llegaba de pronto a un claro. Y como fue allí donde por vez primera tuve conciencia de la belleza, como fue allí donde conocí el primer resplandor que emite la adquisición del saber (cada libro que leía era una aventura extraordinaria), como allí conocí por primera vez el deleite de la conversación (aquellos maravillosos clichés que cada muchacho descubre como si nadie los hubiera descubierto con anterioridad); como allí terminaba el paseo matinal por el soleado Andage con el café y la tarta que servían de alivio a mi abstemia juventud al término de una esforzada caminata, como allí tuvieron lugar las tardes de asueto en las terrazas del castillo, con la bruma azul sobre los tejados de la ciudad vieja, allá abajo; cono allí conocí a Goethe y a Heine y a Beethoven y a Wagner y (¿por qué no?) a Strauss y sus valses, y las cervecerías al aire libre, donde tocaba la banda de música y las muchachas de trenzas doradas caminaban de un modo extrañamente reposado, debido a todas estas cosas, rememoraciones que revisten toda la fuerza necesaria para apelar a los sentidos de un modo irresistible, para mí la palabra llanura no solo remite en cualquier parte del mundo y de un modo exclusivo al valle del Rin, sino que el único símbolo de la felicidad que conozco es una anchurosa perspectiva toda dorada al sol poniente, con un brillante hilo de plata que la atraviesa por el medio, como el sendero de la vida o el ideal que a uno le guía a lo largo de la vida, y a lo lejos las torres grises de la ciudad vieja.

Si quieres, puedes visitar mi blog:

elefanteblanco.blogspot.es

5:58 p. m.  
Anonymous Anónimo escribió...

la simetria es algo muy importante para todos pero todos lo toman como juego. alexandra vivi..-

2:04 a. m.  

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