14 de junio de 2006

Política exterior que es política interior


La respuesta del gobierno francés al segundo emplazamiento de ETA ha sido que..."la búsqueda de una solución política para el País Vasco español es una cuestión que depende de la soberanía española". Es la segunda y casi automática respuesta que da y debe dar un Estado de derecho seguro de serlo al último coletazo –el ‘alto el fuego’- de una banda terrorista que necesita cambiar de tienda, no de oficio, el cual sigue siendo la extorsión y el chantaje, ahora político.

El primer comunicado del Ministerio de Asuntos Exteriores del gobierno francés, de 22 de marzo, fue: "Francia no comenta el comunicado de ETA ni se entromete en un asunto que concierne directamente a la soberanía española. Deseamos, en todo caso, que la paz pueda triunfar de manera definitiva".

Ambos comunicados son de política exterior, pero revelan una auténtica y clara política interior.

En este segundo se encuentran dos transferencias directas al gobierno español: la primera, una novedad respecto al primero, que era de diplomacia clásica, de ‘no injerencia en asuntos internos’: ahora habla de “la búsqueda de una solución política”. Con esa atribución de política al antiguo ‘asunto’, el gobierno francés sí se inmiscuye en el problema español pero probablemente para excluirse de considerar como política una hipotética cuestión equivalente que le pudiera surgir. O sea, que Francia considera a ETA y el terrorismo, independentista o iluminado, como un asunto de orden público. Y no puede ser de otra manera porque el Estado nace con el monopolio de la violencia, con la transferencia de todas las violencias privadas en exclusiva al Estado. Ese monopolio implica la gran responsabilidad de gestionar la violencia sin devolver parte de ella, transformarda en política, a uno de sus antiguos dueños.

La segunda nota del coherente comunicado francés es “el País Vasco español”, asociado a la “solución política” Luego el País Vasco francés no es –ni será- objeto de solución política, que en este asunto suena a extraordinaria, extralegal y extrademocrática (ETA no es democrática) Los problemas de orden público –seguridad, justicia- tardan y cuestan más en arreglarse, su solución es menos espectacular para el consumo de la ciudadanía que un proceso fulgurante de paz, pero refuerzan la solidez del Estado frente al andamio por el que nuestro gobierno ha optado.

Y al final hay una obviedad que aquí es un brindis al sol: “es una cuestión que depende de la soberanía española”. Parece una malicia francesa, hablar de una soberanía congelada por falta de voluntad política de su gobierno, pero es una simple realidad nuestra.