Soledades sin discurso
Es usual calificar a algún artista de “poeta de la soledad urbana” (a Antonio López, entrevista de El País, como lo hizo anteriormente este periódico con Joaquín Sabina, en las antípodas de oficio y arte). El discurso se apropia y traduce las sensaciones que recrea el arte, no sólo por parte de sus comisarios sino incluso del propio artista, en la misma fase de creación. Cuando esto último sucede se pintan las ideas y ya se sabe que las ideas estropean la pintura. En cambio, cuando el artista consigue transmitir sus sensaciones, su forma de ver un objeto, proceso o situación, a través del lenguaje que es la forma -para lo cual es necesario no sólo buen oficio sino formalización- entonces es difícil esa apropiación indebida, ese cambalache entre lenguajes y formas que define a buena parte del arte contemporáneo. Cambalache que es un travestismo endogámico en el que se diluye toda sensación.
En cambio James Nachtwey se pasó años en distintas guerras y tuvo que dejar de fotografiar la de Afganistán porque había perdido la capacidad de sentir emoción. Se había acostumbrado a la barbarie que anula la emoción como síntesis de vidas humanas. Y Larry Towell tuvo que vivir diez años en comunidades menonitas para vencer su resistencia a fotografiar sus vidas (sus soledades). En su tarjeta de visita se leía simplemente "ser humano". Con la imagen de un silencio incontestable concluye Raymond Depardon su serie sobre un manicomio.
Es fácil olvidar estas cosas y esta forma de adquirir oficio en tiempos de confusión. Como "es fácil olvidar que la luz es para los fotógrafos, como el lenguaje para los escritores, su único medio de expresión artística". (Galen Rowell)
James Nachtwey: "Afghanistan, 1996" (Una mujer llora la muerte de su hermano)Etiquetas: Fotografía

















5 Comentarios:
[0] Precisamente Sr. Bartleby, critiqué el otro día el incorrecto apósito colocado por la periodista al pintor en ese caso, al hilo de criticar a los nuevos periodistas de El País que se vienen dedicando a los eventos del arte.
Ya habrá leído, de ahí su post, a Ángel González y su tesis.
Es curioso, hablando de otra cosa, como le dió la vuelta a un antiguo argumento de G. Vattimo sobre la piedad que podían generar las buenas pinturas y esculturas sacras en los museos y la posibilidad de encontrarse a orantes ante obras maestras del Louvre o del Prado.
Anónimo veneciano: Estoy de acuerdo con que el arte no tiene nada que ver con la religión, aunque no con el argumento de que nadie se arrodilla a rezar ante una buena pintura religiosa. Es una boutade porque sí suscitan piedad, misticismo y otros sentimientos o estados... que no necesariamente tienen que ver con la religión.
Le leo desde el exilio, Bartleby, algo desilusionado (amarga la soledad, en tanto al menos, / que no elegida, etc). Hace falta cierta fe para afirmar eso de que "tal no tiene que ver con cual", cuando ya la negación los está asociando.
Al: Tiene razón, son afirmaciones (negaciones) propias de tiempos de lemas comerciales, contundentes para diferenciar el producto de la uniformidad. Sin embargo, la asociación -en este caso, la coincidencia de sensaciones gestionadas por distintos ámbitos- no implica la identificación.
Bienvenidas tus palabras, tanto tiempo sin leer nuevas-antiguas reflexiones... Y además sobre arte... Qué curios, yo también he puesto en mi blog estos días dos textos acerca del arte y los artistas (uno de ellos un puro sarcasmo)... No sé, querido y admirado Bartlebey, no estoy muy acuerdo con lo que dices y ya lo siento... Además aún tengo reciente el éultimo texto largo que he escrito sobre arte, para más señas sobre la nueva abstracción, que tengo a flor de piel argumentos y reflexiones sobre ello... Este texto se va a publicar este mismo mes y tendré placer en enviarte copia del mismo a tu correo personal... Un saludo... pau Llanes
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