19 de junio de 2006

Ochagavía, Año Cero.

(Agustín Ibarrola, Bosque animado del valle de Oma, Vizcaya)

Llegamos de noche, en medio de una tormenta pirenaica rotunda, a Ochagavía (Navarra), más cerca de Huesca que de Guipúzcoa. En la cena el joven dueño del hotel rural nos aclara ufano cómo recuperó el vasco en el que habla habitualmente con su novia: “Aquí se perdió el euskera hace mucho tiempo pero me fui a Azcoitia donde me recluí como un monje durante más de dos meses para aprenderlo.” Su confesión es un auténtico do de pecho ‘ahora ya soy’, salido de la noche de los tiempos en que se perdió el ancestral idioma. Los jóvenes del pueblo han seguido el mismo proceso de nacionalización y su comportamiento en el acto de reclamación de amnistía para los presos de ETA que se celebrará al día siguiente será una exhibición de orgullo personal. Mientras tanto, un numeroso grupo de abuelos habla un contundente castellano en la plaza; deduzco que es su idioma materno por la soltura del acento con que se expresan. Las voces que dan deben ser el ruido que acalla la evidencia de su extinción, sin proyecto alguno de parque temático que los recuerde. Su vida se convierte en fósil y el fósil del nuevo idioma en vida. Los abuelos tenían la parroquia como hábito, los padres tuvieron la secularización como tránsito a ninguna parte y los jóvenes se amarran como galeotes a los bancos de la sidrería, a la tradición en el cobijo de la pandilla. Tres generaciones arropadas por el grafismo tradicional vasco, con los aleros protectores de las letras como columpio de consuelo para todos ellos.

(Dantzaris de
Ochagavía (1915-1930). Fot. de Ángel de Apraiz Buesa. Grupo de personajes masculinos vestidos con traje de dantzari y bobo en la localidad de Ochagavía (Navarra, España). Propiedad de la Diputación Foral de Alava. Cortesía de El Quicio de la Mancebía)

Por la mañana, Irati, el bosque uniforme cuya densidad es una metáfora de la nueva nación, hayedo único e invasivo del espacio, árboles rectos, altivos de sol, sin equívocos en forma de arbustos u otras especies rivales. Sensación de acogida húmeda, maternal. Una envoltura vegetal, homogénea, cuya extensión recorro con la soledad que regala la lluvia, del mismo modo que la nación se disfruta en exclusiva por los conversos, como versión convergente de huérfanos que es. Un abeto díscolo le recuerda al haya dominante el lema de Bakunin que ha encontrado en la botella abandonada por un visitante: “La uniformidad es la muerte; la diversidad es la vida”. El haya contesta con el silencio de su apabullante dominio.

Por la tarde, el reposo del turista en el Centro de Interpretación de la Naturaleza. Frecuento estos centros por el magnífico estado de sus aseos y por las cualidades que comparten con las casas de citas: te interpretan la vida, los encargados te enseñan sus hallazgos con orgullo, sales con una impresión confusa y ambos suscitan la gran pregunta de la democracia –‘¿y esto quien lo paga?’- con la misma respuesta, uno mismo.

Al día siguiente, subida al monte Ory, único dosmil y cumbre del Pirineo navarro, al cual tienen las gentes del país por símbolo y los vecinos franceses por montaña. En la vertiente norte está Iparralde, envuelto en la bruma cerrada de su bajura, el único país que sólo existe en su reflejo, Navarra por aquí. En la frontera, una solitaria y dual placa, Navarra-Nafarroa, como membrete de oficio que suple a la antigua España para dar la bienvenida al extranjero. Un autobús espera una comitiva que baja de la cima en alegre carlistada, ruidosa, sin signos de agotamiento, con el mismo color intenso en sus caras que los prados cercanos. Se cruza con ellos el socialdemócrata urbano que sube jadeante hacia la cima enfrascado en el plano de su ruta con encanto, amante como es de la realidad reducida a cartografía y satisfecho con el exotismo que da la correcta evolución de topónimos en su guía. Llega a la umbría y encoge los mapas y los hombros como quien acostumbra hacerlo con el espíritu. Su visión del mundo se encierra en la tx del patxarán que se llevará como trofeo de un safari, seguro de que el mundo progresa adecuadamente al pasar de la rancia ch a la moderna tx. Mientras, un escueto liberal coincide durante un tramo con ese espécimen instalado y sube con la alforja del escepticismo, sin saber si culminará la cuesta en un medio humano tan ajeno o tendrá que decidir el clima por él. Pero es un escepticismo líquido, con vaivenes hacia lo efervescente, contemplado con sólida indiferencia por el pastor, el único que permanecerá allí cuando los peregrinos se hayan ido.

7 Comentarios:

Blogger Melò Cucurbitaciet escribió...

¿Desapareció el vascuence de Ochagavía?

Intuyo que no desapareció... hasta la llegada del euskera ¿tal vez?

De Fonotokeca.com:
"Es el dialecto propio del valle de Salazar. En la clasificación del príncipe Bonaparte el salacenco se considera una variante del bajonavarro, como el euskera de Valcarlos. Sin embargo tiene una personalidad propia y puede considerarse dialecto independiente, tal y como se hace en el Diccionario General Vasco.

Es un habla en recesión casi absoluta. Quedan hablantes de esta variedad, pero no existe la transmisión natural.

Fuera de las características generales del euskera hablado, el salacenco se aparta del estándar en los siguientes rasgos:

Morfología (verbal,nominal), Fonética, Léxico y Sintaxis."

6:53 p. m.  
Blogger Librepensadores escribió...

Pues no sé si desapareció ni cuando y cómo lo hizo, pero es lo que me contaron euskera hablantes y lo que pude comprobar con los mayores del lugar. Desde luego, los topónimos son claramente vascos. La cuestión es que la generación más joven (alrededor de 25 años) lo ha aprendido en las ikastolas, especialmente las del País Vasco y ése es el proceso de nacionalización que intentaba mostrar. En Ochagavía hay dos líneas de enseñanza, una en castellano con la asignatura en euskera y otra justo al revés.
Gracias por la precisa información que me hace quedar a sus pieses, amigo Melò. Bart.

7:57 p. m.  
Anonymous Línea 12 escribió...

Interesante blog.
Le dejo saludos.

8:29 p. m.  
Anonymous Anónimo escribió...

los caminos del señor son bastante escrutables...buscaba info de un personaje del carnaval de otsagi (ochagavía)y encontré este curioso blog...el mismo día en que leo lo mal que lo pasa la blogera yoanis..
y el mismo día en que en leitza (leiza) hubo un tiroteo...
seguiremos en contacto (si dios, la red y el addor. quieren)
momoxorro

11:20 a. m.  
Anonymous Anónimo escribió...

y respondiendo a meló...
parece que haces una distinción entre vascuence y euskera...
espero ansioso los matices...
momoxorro

11:23 a. m.  
Blogger Ute malamute escribió...

Menuda sarta de barbaridades!

El euskera, lengua propia de Ochagavia, fue lengua de uso hasta la guerra civil. Los últimos vasco hablantes nativos han desaparecido con la llegada del siglo XXI y tan solo queda una anciana que sepa hablarlo

Esos abuelos a los que te refieres que hablan castellano en la plaza tuvieron el euskera como lengua materna o al menos sus padres y abuelos lo hablaban

Saludos

12:06 a. m.  
Blogger Zheng junxai5 escribió...

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3:27 a. m.  

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