20 de octubre de 2006

La televisión siempre llegará


50 años de televisión son ya una experiencia suficiente como para hablar de ella después de haberla despojado del ideal condenatorio que fue atribuirle un poder maléfico e irredimible. Para hablar de ella desde las emociones y sensaciones producidas y sin necesidad de hacerle vudú. ¿Qué aporta la televisión respecto al poder seductor de las imágenes convocadas por el fuego y la fiesta en la tribu? En los largos veranos de principios de los 60 los vecinos de las aldeas empezaron a sustituir el fuego de la fiesta patronal por el televisor, primero colectivo, luego cada uno en su cueva.

La televisión es seducción por su propia naturaleza, como toda imagen, desde el hechizo que produce el fuego común en la cueva de la comunidad más primitiva hasta la romería que reúne a la aldea en torno a los mismos ritos. Un hechizo administrado por el chamán, por el sacerdote, por el oficiante laico o por el locutor. ¿Por el locutor, por el medio o por el propio mirón?

Se atribuye a la televisión la misión de seducir, convirtiéndonos en las “masas invisibles” de Canetti, aquellos muertos a los que el culto de los vivos hace bien vivos. A diferencia del poder de los muertos conjurados en la ceremonia de la tribu, la invisibilidad de esa masa consiste sobre todo en su impotencia. La fábrica de ilusiones comparte con la magia primitiva su carácter de comunión, más que de misión. Los productos que emite en serie esta factoría son la memoria colectiva que sustituye al recuerdo personal, el deseo que sustituye a la acción y la propia ilusión que suple a la idea. Como toda seducción colectiva iguala reduciendo individualidades, extrae las sensaciones más atávicas de la tribu, exprime la diferencia y diluye la jerarquía en una comunidad de iguales cuya mayor ansia es parecer diferentes pero no serlo.

(Douglas Gordon, '24 Hour Psycho')


¿La ‘teletecnología’ de la que habla Foucault supone sólo una mayor eficacia en la fabricación de esos placebos o representa un valor añadido respecto al simulacro primigenio que era la comunión tribal? Mientras se opina sobre la disyuntiva, hay ya una novedad importante en la función que juega la técnica: la mayor incapacidad de reacción del espectador ante la nueva seducción dado que el medio es distante, inaccesible, salvo para sumarse fundiéndose en él: por ejemplo, asistiendo a los programas como público o -¡futuro inmediato!- la televisión interactiva.

¿Imagen que altera o que forma parte de la realidad de las cosas? Baudrillard opta por lo primero, al sancionar la imagen como seña de identidad de nuestra cultura: “La promiscuidad y la ubicuidad de las imágenes, la contaminación viral de las cosas por las imágenes, son las características de nuestra cultura” Pero en ese dictamen se nota el prurito de la postmodernidad por inaugurar el mundo. En el origen humano de las cosas está su representación, por lo que la imagen las altera y las integra a la vez.

La pretensión postmoderna es que imagen, información y comunicación son el sino de los tiempos, grandes y fatales inventos que representan un salto cualitativo en la evolución de la especie. Desaforada y soberbia pretensión. Derrida afirma que pensar nuestro tiempo y hablar de él es prestar atención, en primer lugar, a un espacio público transformado por la ‘teletecnología’ de lo que se denomina información o comunicación. (Jacques Derrida, “Ecografías de la televisión”). “Espacio público que es un un presente político transformado a cada instante…”, en su estructura y contenido, por la imagen y por nuestra primera congregación a su llamada para fundirnos en ella.

4 Comentarios:

Blogger CAUTIVOS escribió...

Excelente Blog

7:51 p. m.  
Blogger CAUTIVOS escribió...

Excelente Blog

7:51 p. m.  
Anonymous Ricardo S. escribió...

MI generación es la única que ha tenido el privilegio de ver en directo el cambiazo repentino de su infancia por la televisión.

Pasamos de la vida comunitaria en el barrio y en el pueblo a encerrarnos en nuestras casas a ver el nuevo y prodigioso invento. Es una experiencia irrepetible esa amputación.

8:32 p. m.  
Anonymous Anónimo escribió...

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1:38 p. m.  

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