21 de noviembre de 2006

Al rescate del agente de la Continental

Dicen las malas lenguas literarias que Hammett se inspiró en su mentor en la agencia Pinkerton para perfilar el personaje del agente de la Continental. El Sr. Verle no necesita de mentor que le inspire para su fina disección analítica y humana, que es parábola de dos náufragos: el detective y el crítico del arte (guerrilleros necesarios que producen sus terrenos pantanosos). Trabaja como espía de la estética por cuenta propia, sin agencia que le someta a canon ni más licencia de armas que su sensibilidad y razón. Consigue cosecha roja sin maldición alguna que ofrece con generosidad.

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(para Crítico Constante)
El desarrollo de estas notas tuvo un origen algo inusual, casual más bien, ya que las coincidencias que las hicieron posibles fueron debidas al azar, o tal vez quién sabe, al azar y a la necesidad.

No es extraño combinar, en épocas más o menos ociosas, lecturas muy dispares. Unas propiamente de evasión, que no de victoria, y otras profesionales o afines que por su extensión o complejidad precisan para su asimilación periodos más dilatados de los que habitualmente se disponen diaria o semanalmente. Así, durante una lejana lectura de “Bajo el volcán” de Malcolm Lowry e independientemente de la insólita historia narrada, algunos ambientes descritos, seguramente los más sórdidos, trajeron inconscientemente el recuerdo de algunos incorrectos relatos, quizás “La herradura dorada” del alcohólico, como el cónsul, Dashiell Hammett leídos hace mucho tiempo.

La curiosidad de encontrar las conexiones que tangencialmente había detectado obligaba a su relectura en tiempos de vacación. Como igualmente estaba enfrascado por aquellos años en la interpretación de un tomo de ensayos de crítica tardomarxista de las artes, se produjo un enlace adicional que acabó poniendo en marcha estas reflexiones ahora rescatadas.

La relación de la literatura negra y de la crítica radical del arte, podría parecer no tener demasiado sentido. Sin embargo, a priori, la labor de un crítico es en cierta forma la de un detective, privado o no, que descubre mediante indicios, conjeturas y deducciones y pone de manifiesto el significado de una obra, su realidad. Pero así como, según sus métodos, la literatura negra diferencia a los detectives, y por ello a sus autores, tampoco todos los críticos utilizan el mismo sistema de análisis. Entra en ambos casos a formar parte de su metodología, la ideología que posean. Y es en ese punto donde pueden establecerse conexiones más objetivas entre un crítico que analizando las artes se pregunta qué sociedad, o mejor qué relaciones socio-económicas sustentan dichas manifestaciones artísticas y un escritor que mediante un subgénero, que prácticamente elabora de la nada, analiza y critica el modelo de sociedad que le ha tocado vivir. En ambos casos la labor detectivesca, formal o racionalmente, estará presente para una crítica política desde las raíces y por tanto radical.

Se trataría en Hammett de descubrir una culpabilidad social con unos mecanismos herméticos que actúan inexorablemente. La búsqueda de los resortes y de las bases que crean una estructura social ya es policíaca. La tarea del detective constituye en sí misma un modo de fabricar ficción que lo que se propone es desenmascarar las invenciones y falsedades de las ficciones de los demás. La ficción verdadera creada por el detective no es más plausible ni menos ambigua que la desvelada como falsas por él. Cuando una ficción comienza a revelarse como tal desaparece, permitiendo ver la realidad real que se oculta tras ella. Lo que se revela como realidad es a su vez actividad creativa. La tarea del crítico, como la del detective sería destruir, descomponer y privar de ficción la realidad aparente y construir a base de ella una ficción auténtica.

Por eso, desde el punto de vista del crítico artístico, ese escritor bien podría ser considerado, malgré soi, ‘el amigo americano’ que nos presta su juego (Hammett’s game) para permitirnos desentrañar la realidad y sus mixtificaciones, permitiendo combatir la ininteligibilidad del mundo desde un punto de vista ético. Y así lo hemos practicado en algunas ocasiones.

© Sr. Verle

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10 Comentarios:

Anonymous Anónimo escribió...

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7:57 p. m.  
Blogger Librepensadores escribió...

(Sr. Verle, por si no lo hubiera visto en el NJ, le dejo aquí este comentario):
"La relación entre la literatura negra y la crítica del arte", que usted propone, es un interesante vínculo a desmenuzar. Detective y crítico trabajan como presas atrapadas en sus respectivas telas de araña, cuya desesperación por escaparse es su honestidad intelectual y su sensibilidad.
Crimen y arte son campos magnéticos que atraen fatalmente y a la vez repelen por su manifestación muchas veces difusa.
La independencia del detective y del crítico de arte es imprescindible para no fundirse con sus equívocos campos de análisis. Si no son independientes se quedan en espectadores, en meros reseñadores. O en coro.
El manierismo que caracteriza actualmente a crimen y arte es la trampa a evitar si quieren ser intérpretes e impugnadores de esos sucesos.

Añado ahora: El detective es hombre de acción obligado por su oficio, pero de reflexión obligado por la condición humana del delincuente. El crítico de arte es hombre reflexivo obligado por el análisis que pide el arte para no quedarse en objeto de culto y/o decoración. Pero se convierte en hombre de acción cuando desentraña la trama del fenomémeno artístico. Se hace detective al tener que perseguir pistas (objetos, escenarios, etc.).

Lo dicho, Sr. Verle: interesante paralelismo, cuyo análisis da mucho de sí.
Bartleby.

10:59 a. m.  
Anonymous El Crítico Constante escribió...

Fenomenal reflexión, Verle, y certera apostilla, Bartleby. El tema no es banal porque, más allá de la atribución y sus temblores, en la crítica de arte hay demasiado crimen. Y urge desenmascarar a los criminales. Gracias. Un abrazo.

3:36 p. m.  
Anonymous Sr. Verle escribió...

Me alegra que un texto juvenil les desprenda chispas de ingenio. Son Uds. formidables.

6:37 p. m.  
Anonymous gabriel féraud escribió...

Compro un pasaje, llego a puerto y me encuentro a Hammett esperándome en la estación y al señor Verle destapándose. ¡Qué recibimiento!
Un saludo también a Bartleby. Se le sigue aquí y en otros lares: es uno de esos escollos del Nickjournal (v)espasiano en los que, también, uno encuentra buen puerto.

9:52 a. m.  
Anonymous Amadeo escribió...

Esto parece el Café-Gijón.

Los del Círculo de Lectores necesitamos un poco más de 'zorondongo' para descifrar los códigos.

Buen provecho y ¡Salud!

2:33 p. m.  
Anonymous cieguita astifina escribió...

Bien dicho don Amadeo.

Yo no me atrevía pero ya que me da pié, simplemente decirle a auto del criptograma que puedo 'verle' pero no 'leerle'.

Qué avergonzada me siento, Bart.

2:36 p. m.  
Anonymous elquicio escribió...

El detective se queda 'quieto parao' cuando le dan 'matarile'.

Como estos días con el ruso.

Y es que matar a detectives también es un arte detectivesco.

Algo endogámico, claro.

2:39 p. m.  
Anonymous Sr. Verle escribió...

Bart: ¿Puede encargarse de las visitas? Uno no tiene costumbre y no conoce el protocolo.
A G.F. esperábamos verle.

10:32 a. m.  
Blogger Librepensadores escribió...

Don Amadeo, doña cieguita, su interés por el texto del Sr. Verle ya indica que es legible e inteligible.
Ambos reclaman códigos de lenguaje comunes y con razón. Pero esos códigos son resultados de un proceso de comprensión más que banderines de salida. Ustedes han andado un primer tramo de ese proceso y se les agradece la caminata.

Quicio: Buen hallazgo la endogamia como seña común de esos mundos claustrofóbicos que pueden ser el crimen y el arte. Por más que sean visitados por el común de los mortales, tienen sus propios y celosos guardianes que, a veces, sólo guardan un secreto: el vacío de ambos mundos.

Saludos, Bartleby.

12:30 p. m.  

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