1 de julio de 2006

Libertad y soledad en W. H. Auden

(Brassai, 'Prostituta', 1993)

Como en todo poema, debe analizarse su espíritu a través de la impresión producida por su lectura íntegra -sin paradas ni saltos-, más que la letra de sus palabras o versos sueltos. Este análisis de sensibilidad lleva implícito un acervo de uso de razón que es el sedimento previo que permite un tipo determinado de impresión. Cuando Auden dice “No hay más sabiduría ni remedio / que amar la vida más que su sentido” se aprecia su reivindicación de la emoción por encima de la razón, de la racionalización de la vida (‘su sentido’)

¿Hay fatalidad en “Lo importante se impone, no se elige. / Y sin embargo somos seres libres / de escoger entre dar y destruir / lo que tenemos, desearlo, amarlo” confirmada por los versos finales de esa estrofa, “aceptar lo que ocurre y trabajar / duro para que ocurra / lo que de todos modos va a ocurrir”?

El poema está lleno de una fatalidad aparente que no dejaría margen a la concepción liberal del mundo propia de Auden. Sin embargo, para él, el auténtico y último sentido de la libertad es la irremisible soledad: “... extraño ajuar / para esta soledad que me ha esposado.” Sólo el individuo solo puede pensar la libertad una vez aceptada su herencia de lo comunitario –“Lo importante se impone, no se elige”- para, desde esa posición de irreductible honestidad intelectual (‘pureza’), hacer lo público como red que equilibre las respectivas herencias.

'Sábanas heredadas' ("A World where wishes alter nothing", W. H. Auden):

La más íntima herida es heredada.

El dónde, el cómo, el cuándo,
la muerte, el nacimiento,
lengua, familia, dios, época, amor:
lo decisivo de lo que nos pasa,
y lo que somos,
no es algo deseado ni elegido.

Y pasamos la vida, sin embargo o por eso,
creyendo que el deseo es nuestro dios
y no una rosa rara que en nosotros cultiva
el azar
que nos guía, nos ciega y nos ignora.

Nadie ha elegido el mundo en que ha nacido.
Ni siquiera su nombre, su memoria.

Lo importante se impone, no se elige.

Y sin embargo somos seres libres
de escoger entre dar y destruir
lo que tenemos, desearlo, amarlo
más que a lo que no hay, luchar sin mundo,
aceptar lo que ocurre y trabajar
duro para que ocurra
lo que de todos modos va a ocurrir.

No hay más sabiduría ni remedio
que amar la vida más que su sentido
y dejarse llevar por las aguas salvajes
de estar aquí y así, con sed de irse,
de elegir lo que hay y, ay de nosotros,
ser quienes somos, pródigos, saber
que no tenemos más que lo que damos.

Llamamos libertad a esta tarea
minuciosa y secreta de bordar,
manchar, romper, lavar, tender, plegar,
guardar en el armario entre membrillos
sábanas heredadas de la abuela
que a su vez heredó de la suya, extraño ajuar
para esta soledad que me ha esposado.

(Brassai, 'Joyas')