lunes, abril 07, 2008

Vicios privados, virtudes socialdemócratas

Un caso más de vicios privados y virtudes públicas, con la acreditación que proporciona el testimonio personal, ofrece Rubert de Ventós en su artículo “No somos ni socialdemócratas”. La tesis es que la "naturaleza humana" impide a la especie “dotarse de un sistema económico un poco menos bestia que el puro y duro darwinismo social, donde prospera siempre el más fuerte”. La presentación de esa fatalidad es coherentemente religiosa: “Yo me avergüenzo de mis pecados, claro está, pero también de los de mi especie, de la ‘naturaleza humana’ que acarreo”. La contradicción es también consecuente con la matriz hegeliano-marxista del asunto: “Nuestra naturaleza humana no está a la altura de nuestros ideales”. Se ve que la poquedad de nuestra condición convierte al ideal en justificante de la barbarie: “Y que cuando lo ha intentado [la especie] -con el comunismo, por ejemplo- pronto se transformó en una burocracia tan cruel como ineficiente: en eso acabó el marxismo en nuestras manos”. En el mientras tanto histórico sucede el neoliberalismo como horizonte de cercanías, en el que incluye –muy ortodoxamente- al reformismo: “Igual han sucumbido en este mundo los intentos más "realistas" y comedidos como las curas paliativas keynesianas, socialdemócratas o reformistas, que sólo han prosperado para seguir alimentando esa especie de neoliberalismo que padece nuestra especie”.

(Russia, 192(?): The giant toys of the collective man. Figures of
Lloyd George, Millerand, Kerenski and Milnikov in front of the Kremlin).

La fatalidad del planteamiento se nutre también de psicología nada evolutiva: “Nuestra inercia emocional, formada a lo largo de los siglos, sigue siendo lo que es, sigue estando donde estaba, y no parece sintonizar fácilmente con nuestros proyectos racionales o morales”. Ventós, muy lejos de la capacidad analítica que llevó a Juan Benet a una precisa disección de la conducta humana, cae sin embargo en un dictamen del tipo “Nunca llegarás a socialdemócrata”. Sin pretenderlo, tanto su tesis como su formalización demuestran que la socialdemocracia ha terminado como marca de diseño del capitalismo y versión moderna y amigable de la religión. Como marca sigue teniendo éxito, aunque representa un producto ya maduro, en declive, que va siendo sustituido por ese híbrido de revanchas colectivas, ese círculo de engaños mutuos, llamado corrección política. Como religión funciona mejor, no sólo porque agrupa disciplinadamente a clases dispersas que antes parecían destinadas a hacer la revolución frente a la evolución, sino porque ofrece un consuelo de integración social al individuo insatisfecho. Al idealista, al que se exilia de la realidad culpando de su dureza e irreversibilidad al vecino, al cual necesita calificar como neoliberal (hereje) para no perder el cielo. Consuelo que obtiene el socialdemócrata como renta inmediata por el reconocimiento social automático que produce, frente a la larga explicación que siempre tiene que dar el liberal, como prueba de su condición pública vicaria. Pero consuelo sobre todo íntimo ante sus contradicciones, de las que Ventós pone dos ejemplos:

1) la educación privada y competitiva para los hijos de quienes defienden lo contrario en público, es decir, para el público que les contempla;
2) la anécdota racista y clasista de Marx hacia Paul Lafargue, el pretendiente (y futuro marido) mestizo de su hija Laura.

Un traductor social como Rubert de Ventós concluye con el lógico recuerdo de la etiqueta social traidor puesta a los reformistas. Y cómo sigue llamándolo a los mismos, fatalmente abducidos por el neoliberalismo. Con el añadido poco científico de enviar a Darwin al desván.

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martes, marzo 11, 2008

Apuntes electorales

1. Las elecciones de los récords en la reciente historia de la democracia:
  • Bipartidismo casi perfecto con la mayor concentración de diputados (92%) y polarización del voto en los dos grandes partidos. Del mismo modo que la sociedad se especializa, la política se profesionaliza.
  • La mayor concentración de voto en la izquierda en torno al PSOE.
  • Los mejores resultados, en voto y escaños, obtenidos por el partido de la oposición.
  • La menor representación, en voto y diputados, del nacionalismo vasco.
  • El Grupo Mixto más numeroso y heterogéneo, lo que reducirá el eco parlamentario y público de los partidos representados.

2. PSOE: La mayoría suficiente obtenida para gobernar no será suficiente para recuperar el sentido de Estado por encima de la estrategia partidista de aislamiento de la derecha ni, mucho menos, para superar el componente nacionalista que ha sustituido al socialismo en su misión histórica. Destino que este presidente justiciero y su partido sienten como la recuperación del poder por las clases sociales y clanes locales desposeídas por la Historia.
Se ha visto el techo del nuevo socialismo y el nuevo gobierno demostrará el error de quienes le votaron por preferir una España roja a una rota.

3. PP: Dos legislaturas en la oposición, un liderazgo en entredicho y el refuerzo de sus poderes regionales lo harán enfeudarse a sus taifas mientras hace la renovación interna. La cual puede aplazarse o quedarse en maquillaje por lo confortable de la derrota Si recupera su capacidad de alianzas políticas y consigue una imagen social de normalidad (despreciando a parte de quienes le manchan, entre otros pases) romperá el cordón sanitario al que está sometido, del cual depende el futuro inmediato del socialismo.

4. Izquierda Unida: es el límite de sí misma. Centrifugada entre la tentación antisistema y su nutrido currículum de escisiones, ha dado un gran salto adelante en su viaje de vuelta de partido político a movimiento extraparlamentario. Buscando la revolución perdida se encuentra como compañero de viaje de grupos alternativos y cómplice de antisistemas. En Mondragón le pillaron en coalición con ANV, lo cual tampoco ha importado demasiado en un país que ya ha descontado el territorio y ciudadanos vascos como perdidos.

5. Cataluña: un nuevo triunfo de los partidos (nominalmente) españolistas sigue contrastando con la vida cotidiana de clandestinidad. Los ciudadanos se refugian en las urnas de las generales cada cuatro años y entretanto procuran pasar desapercibidos. El PP seguirá siendo el enemigo externo necesario para cohesionar a la tribu. Ezquerra, el cliente moribundo que no paga al socialismo inmigrante contratado para gobernar.

6. País Vasco: la menor representación democrática del nacionalismo vasco en sus distintas franquicias no frenará la legislatura del asalto a la independencia, bajo el eufemismo del derecho a decidir. A falta de instrumentos legales se valdrá de la calle y las instituciones sabáticas del estado. Seguirá intacta la falta de libertad para la población no nacionalista, mayoritaria en esa región.

7. UPyD: eficacia de su discurso estatal y antinacionalista, demostrada por una distribución de voto muy homogénea, con éxito notable en Madrid en las elecciones del bipartidismo y partido marginal en el resto por muy dignos que sean sus resultados. Se está labrando una imagen y ha de optar por un modelo de partido pequeño pero influyente, frente a la tentación del activismo callejero que podría llevarle al alambre del extraparlamentario. Su viabilidad también depende de terminar la transformación de movimiento cívico en partido político.

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jueves, febrero 28, 2008

Estudio o leyenda

Cuando dedicas lo más granado de tu juventud a estudiar oposiciones a Registro de la Propiedad el destino natural es deslindar el mundo en parcelas. La propiedad es el pegamento de la convivencia y su orden natural la jerarquía de los títulos debidamente obtenidos. Sólo se admiten cambios por transmisiones de derechos legítimamente adquiridos. Las servidumbres de paso se convierten en dominios apenas el nuevo intruso pone el pie de su igualdad en la finca cuyos límites y cultivo tanto costó hacer. Rajoy tiene alma de agrimensor y mente de jurista y le subleva esa inversión de derechos.

(
Alexander Rodtchenko, Escalera, 1930)
Siente una lógica indignación ante un mundo cuyo orden y concierto se rige por otras reglas, igual de fijas que sus valores –aunque parezcan aleatorias- pero de gestión incierta y, por tanto, sin garantías en el resultado del nuevo reparto. Tradición, mérito y capacidad han sido sustituidos por igualdad y negociación como pilares del nuevo orden. Se desprecia la jerarquía del saber y hacer: ya no hay escalafón sino concurso de quienes se creen iguales con independencia de lo que hagan. Ya no hay ejército, institución, sino ejercicio, mero uso. Y se enfada con razón pero con una razón antigua, que se desmorona y ya está moribunda. La adopción de niños por homosexuales, las familias mono o pluriparentales no pasan por la procreación para reclamar y conseguir su derecho de filiación. Las leyes sociales se divorcian de las jurídicas y del temario de las primeras no se puede apropiar un único opositor.

Mientras tanto, Zapatero se iba criando en la vida orgánica de un partido formado por aluvión y que pudo prescindir rápidamente de su vieja ideología porque su objetivo no era ilustrar sino revertir la historia, vindicar a los desposeídos a través de la toma del poder. Esa sed de generaciones, mezclada con el servilismo que les había impuesto el abuso, cuajó en una religión de partido. Disciplina y sumisión como tejido interno y misión como destino político. Los tiempos fueron achicándose en grandezas y propósitos e hicieron el resto: el nuevo líder triunfó porque era lo que el pueblo necesitaba, un mesías de cercanías. No hay amoralidad ni menos canallada en su conducta sino mito puesto por fin al alcance de los medieros sin apenas renta antigua que pagar. Gobernará, con o sin necesidad de ceder, repartiendo poder porque es el modernizador del frente popular. Los intrusos en ese frente, las viejas burguesías nacionalistas y regionales, le agradecen su confusión de clase.

Quien no se dedica a estudiar con método en la época en que tal ejercicio hace músculo moral, la juventud, adora enseguida las leyendas suplentes que le enseñaron y amuebla su imaginación con una arcadia de excluidos por la historia a los que por fin ha llegado el turno de ocupar el Registro de la Propiedad. Ya no hay notas marginales ni tomas de razón sino asaltos pacíficos.

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